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Crónicas de la marcha › El furriel

«...Los furrieles repartían los espacios, decidían quién dormía bajo lona y quién bajo lluvia, quién tenía paso y quién esperaba, quién cobraba y quién debía...»

¿Qué hacía un furriel en una compañía de los Tercios y qué se esperaba de él?

Cuando una compañía de los Tercios llegaba a un alojamiento, alguien tenía que decidir dónde dormía cada hombre. Ese alguien era el furriel, y su oficio era bastante más que repartir sitio.

Sancho de Londoño, Marcos de Isaba y Bernardino de Escalante, tratadistas militares de finales del siglo XVI, nos dan una imagen de cómo debía ser el furriel y de lo que se esperaba de él.

Un puesto de la compañía

Había dos clases de furriel: el mayor y el de compañía. El furriel mayor se adelantaba a tomar cuartel y era el responsable de organizar el alojamiento de las compañías, aunque no lo hacía directamente: trasladaba a los furrieles de compañía las órdenes que recibía del sargento mayor o de otros mandos inmediatos, y eran estos quienes las ejecutaban.

El furriel de compañía figura entre los puestos que, según Isaba, debía tener cada una: «Ha de tener cada compañía dos atambores, un pífano, furriel, capellán, barbero y abanderado». Es lo que el autor llama la «primera plana» de la compañía.

Quien repartía el sitio

El furriel particular era, ante todo, el aposentador de su gente: Londoño dice que «son aposentadores de las compañías». Según el mismo autor, le correspondía repartir los alojamientos por escuadras mediante boletas, siguiendo las órdenes del capitán.

Londoño equipara el oficio al de los metatores de las legiones romanas: «Los Furrieles que llamaban mayores en los tercios han de hacer lo que hacían los metatores en las legiones».

Las listas y las cuentas

El oficio era también administrativo. Diversas fuentes lo describen llevando las listas y dando razón de los soldados de la compañía, estando presente en las muestras de los oficiales del sueldo para tomar razón de quién cobraba y cuánto, y teniendo «asimismo cuenta de los bastimentos, armas, y otras cosas».

Para todo ello, según Londoño, «han de saber leer, escribir, y contar».

—Aquí dice: dos azumbres de vino, fiadas por el vivandero Pieter Claessens. Tres panes. Una camisa remendada. Y una deuda vieja por naipes que arrastras desde Lovaina.

—Mi furriel… yo pensé que…

—Pensar no es lo tuyo —lo cortó Oñate—. Lo tuyo es deber. Y lo haces con una constancia admirable.

Ellos no, capítulo IX.

Un hombre de confianza

Escalante, en sus Diálogos del Arte Militar, pide para la compañía un «furriel poco ladrón y codicioso».

La advertencia sugiere que el cargo manejaba recursos sobre los que podía existir tentación de apropiación. Es una prescripción moral, no una estadística de delitos ni la descripción de un caso concreto.

La novela lleva esa sospecha al terreno de la ficción: el coronel ordena vigilar al furriel de la compañía de Villalba.

—La gente ve demasiado —corrigió Villalba—. El coronel ha dicho que ya tuvo bastante en Lovaina.

—Lovaina fue cosa de vivanderos —dijo Oñate, bajando la voz—. Y de soldados que no saben contar.

—Y de furrieles que saben demasiado —respondió Villalba—. Sabes bien que no viene de ahora, Martín.

(...)

—Haz lo que debas, Martín. Pero no me vendas tus atajos como favores.

Ellos no, capítulo IX.

Lo que normalmente no se cuenta

Que el puesto de furriel figurase en la plantilla no significaba que alguien lo ocupase. Había capitanes que no cubrían esos puestos y aun así debía pagárseles por ellos: el número de la «primera plana» «se les ha de pagar, aunque no los tengan».

El mismo desajuste afectaba a las listas de soldados con las que se pagaba a la compañía. Capitanes, alféreces y sargentos tenían a su servicio entre tres y seis mozos que el día de la muestra pasaban por soldados. Ese día los muertos resucitaban, reaparecían los huidos y el rey tenía en el papel «más soldados que Jerjes». En esos actos de revista, las fuentes consultadas sitúan presentes a oficiales y pagadores; los furrieles, que según Londoño debían asistir a ellas, quedan sin nombrar.

La novela imagina qué podía pedir un furriel fuera de lo anotado en el libro:

—¿Algo más?

Oñate se acercó; Pedrito oyó el crujido de las botas sobre la tierra.

—Un odre de vino bueno… del que guardas para los oficiales —susurró—. Y los favores de dos mujeres limpias. No quiero sorpresas esta vez. La travesía será larga y necesito un desahogo.

Gaspard soltó una risa seca, sin alegría: —¡Mon Dieu! Vino bueno y dos mujeres limpias. Pides como un capitán y pagas como un soldado raso.

—Pagaré lo que quiera. No lo olvides.

Oñate replicó sin parpadear, como quien está acostumbrado a que nadie le lleve la contraria.

Ellos no, capítulo VII.

Relación con la novela

«El Vasco no siempre había sido furriel. El capitán Vergara lo señaló años atrás, cuando la compañía necesitó a alguien que entendiera de mulas, cuentas y hombres. Oñate esperaba el momento y aceptó sin dudarlo. Significaba meterse en el lugar donde se decide lo que se mueve y lo que no.»

Ellos no, capítulo VI.

Oñate, sentado ante un arca con monedas, bolsas y papeles, mientras dos soldados esperan.
Oñate, con las listas y la paga de la compañía.
Ellos no
Redoblan los tambores del alistamiento.
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Preguntas frecuentes

Sigue leyendo

¿Qué diferencia había entre el furriel mayor y el de compañía?
El furriel mayor se adelantaba a tomar cuartel y lo repartía entre los furrieles particulares, los de cada compañía, que alojaban a su gente. Londoño llama a estos últimos «aposentadores de las compañías».
¿Sabía leer y escribir un furriel?
Londoño escribe que los furrieles «han de saber leer, escribir, y contar».
¿Eran honrados los furrieles?
Escalante pide un furriel «poco ladrón y codicioso». Es una advertencia moral: no prueba que los furrieles fueran corruptos en general.
¿Cómo se organizaba un campamento de los Tercios? → ¿Qué tipos de comisario había en un Tercio? → ¿Qué hacían las mujeres que acompañaban a la tropa? → ¿Cómo se ponía en marcha un Tercio el primer día? →
¿Cuánto cobraba un furriel? (próximamente)
¿Quién nombraba al furriel? (próximamente)
Glosario
Aposentador — quien reparte y prepara el alojamiento de la tropa.
Boleta — papeleta que asignaba su alojamiento a un soldado o a una escuadra.
Furriel mayor — oficial que se adelantaba a tomar cuartel y lo repartía entre los furrieles de las compañías.
Furriel particular — furriel de una compañía, encargado de alojar a su gente.
Muestra — revista de una compañía para comprobar los soldados presentes y poder pagarles.
Primera plana — los puestos de plantilla de una compañía, como atambores, pífano, furriel, capellán, barbero y abanderado.
Fuentes académicas

Sancho de Londoño, Discurso sobre la forma de reduzir la disciplina militar à mejor y antiguo estado (Bruselas, Roger Velpius, 1596; primera edición, 1587); Marcos de Isaba, Cuerpo enfermo de la milicia española (Madrid, Guillermo Drouy, 1594); Bernardino de Escalante, Diálogos del Arte Militar (Sevilla, 1583; Bruselas, 1595), citado por Ricardo González Castrillo, El arte militar en la España del siglo XVI (Madrid, 2000); Hugo O’Donnell y Duque de Estrada, «Poner una pica en Flandes en el siglo XVI: proceso de reclutamiento y conducción de la Infantería española», Revista de Historia Militar, año XXXVIII, n.º 76 (1994), pp. 11-39.

Fuentes de divulgación histórica

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario histórico de la lengua española, voz «pífano» (cita de Isaba).