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Crónicas de la marcha · Mujeres de campamento

Mujeres de campamento

El ejército las sumaba cuando faltaban manos y las restaba cuando sobraban bocas.
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«...Las mujeres del campamento, ocupadas en sus quehaceres, se movían entre las tiendas con soltura...»

¿Cuál era el papel de la mujer en la marcha de los Tercios?

Quiénes eran

No eran un grupo homogéneo. Las crónicas distinguen sobre todo entre dos categorías: la «mujer particular» —esposa legítima, casada y velada, de un soldado— y el resto, comunes a la tropa. Hay constancia, además, de mujeres que se situaban fuera de ambos grupos, combatiendo con pica o arcabuz junto a los hombres: el caso mejor documentado es el de María la Bailadora, que peleó con arcabuz en Lepanto (1571) y recibió un puesto militar formal tras su actuación.

Sobre la proporción respecto a los hombres, la cifra mejor encajada en el periodo de la novela (1550-1575) ronda el 5 %: unas 5 mujeres por cada 100 soldados en 1550, y 6 por cada 100 en 1574.

Qué hacían

Sus funciones, actividades e ingresos eran diversos: lavanderas, cocineras, costureras, vendedoras ambulantes de comida y ropa —vivanderas—, prostitutas, cuidadoras de heridos y enfermos, y colaboradoras en obras de fortificación y en la recogida de pasto para los caballos. Una misma mujer podía desempeñar varias de estas tareas a la vez. Ese papel auxiliar está reconocido por la propia tratadística militar española del Renacimiento como parte de las «labores auxiliares» del ejército.

Cómo encajaban en la marcha

Solo las mujeres «casadas y veladas» podían acompañar a un soldado como mujer particular; el resto se consideraban comunes a la tropa. La Ordenanza para el ejército sobre Metz (1552) fijaba en seis el número máximo de mujeres por compañía española destinadas al uso común: azotes y confiscación de bienes para la mujer que la incumpliera, expulsión del campamento e inhabilitación permanente del soldado u oficial para ejercer mandos. Su cumplimiento real, según las fuentes, era bastante laxo —pensada sobre todo para limitar el embarque de mujeres en campañas navales, más que para aplicarse con rigor en las marchas terrestres. Tres años más tarde, en 1555, el Duque de Alba extendió una disposición equivalente para el ejército de Italia, con una fórmula todavía más tajante: «esposas, no amigas particulares».

Riesgos y protección

Las violaciones estaban expresamente prohibidas bajo la más severa de las penas:

«...que ningún soldado haga fuerça a muger, so pena de la vida.»

Sancho de Londoño, capitán y tratadista militar, Discurso sobre la forma de reduzir la disciplina militar à mejor y antiguo estado (Bruselas, Roger Velpius, 1587; reed. 1589; Madrid, Luis Sánchez, 1593).

El propio Marcos de Isaba, en su tratado Cuerpo enfermo de la milicia española (1594), situaba la violación entre las cinco cosas que un capitán nunca podía disimular durante la marcha, junto al robo público, el asesinato a traición, la sedición y la mala fe cristiana.

Lo que normalmente no se cuenta

Las mujeres suponían una boca más que alimentar, y el ejército lo sabía: en los asedios se las clasificaba administrativamente, junto con los mozos y criados jóvenes, como «bocas inútiles» —consumían ración sin combatir, así que recibían media ración. El enemigo, por su parte, en no pocas ocasiones se negaba a dejarlas salir de las plazas sitiadas cuando los capitanes intentaban expulsarlas para aliviar la presión de bocas que alimentar, precisamente para aumentar la presión sobre los defensores.

También hay constancia de que las mujeres aliviaban a los soldados dentro del propio campamento, en ocasiones a la vista de otros —una práctica tan asumida que apenas llamaba la atención de quien la veía.

Relación con la novela

Fátima Alarcón llega a la marcha con dos años, hija de un morisco bautizado huido de la Inquisición. Crece en el camino: a los diecinueve, cuando ya lleva media vida marchando, «pisa los charcos como un soldado más» —los años de campaña no la han doblado. No es esposa, ni vivandera, ni prostituta: es, sencillamente, alguien que la marcha formó desde niña. Y la novela no la deja ahí: su historia sigue mucho después de esta escena, hasta un final que no vamos a adelantar aquí.

«Sara cruzó el patio con un cesto de ropa mojada. Sus manos estaban rojas del frío. Caminaba despacio, cargando más años que kilos. Fátima la seguía. Pisaba los charcos como un soldado más. Los años de campaña no la habían doblado.»

Esa misma tarde, los chiquillos reían a codazos, ocultos tras los carros, viendo algo que traspasaba sus límites.

«...Otras veces vigilaban desde cierta distancia a una mujer que, oculta entre dos carros, [...] con una rapidez que a ellos les hacía gracia. [...] Ella se levantaba sin decir palabra, limpiándose la mano en la falda antes de perderse entre los carros, como si aquello no fuera más que otro oficio del campamento...»

Una mujer se limpia las manos en la falda junto a un soldado sentado, en el campamento al atardecer, entre tiendas y carromatos.
Ellos no
Ellas también marchaban hacia Flandes.
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Preguntas frecuentes

Sigue leyendo

¿Cuántas mujeres acompañaban a cada compañía de soldados?
La Ordenanza de Metz (1552) fijaba en seis el máximo por compañía destinadas al uso común, aunque el cumplimiento real era laxo. Sobre la proporción total, la cifra mejor documentada para el periodo de la novela ronda el 5 %.
¿Podían las mujeres alistarse como soldados?
No de forma reconocida, pero hay excepciones: el caso mejor documentado es el de María la Bailadora, que combatió con arcabuz en Lepanto (1571) y recibió un puesto militar formal tras su actuación.
¿Qué era una «mujer particular»?
La esposa legítima, casada y velada, de un soldado. El resto se consideraban comunes a la tropa.
¿Qué pasaba con las mujeres durante un asedio? (próximamente)
¿Estaban protegidas legalmente frente a los abusos de los soldados?
Sí, al menos sobre el papel: las violaciones estaban prohibidas bajo pena de muerte, y Marcos de Isaba la situaba entre las faltas que un capitán nunca podía disimular durante la marcha.
¿Cómo funcionaba el alistamiento en los Tercios? → ¿Quién financiaba las guerras de la Corona? → ¿Qué pasaba con los muertos de la marcha? → ¿Cuándo el valor de un soldado merecía premio, y cuándo castigo? → ¿Cómo se llegaba a Flandes por el Camino Español? → ¿Cómo se organizaba un campamento de los Tercios? →
Glosario
Mujer particular — esposa legítima, casada y velada, de un soldado; la única categoría reconocida por la ordenanza para acompañarlo.
Vivandera — mujer que vendía comida y ropa ambulante entre la tropa, una de varias funciones que podía desempeñar la misma mujer.
Bocas inútiles — clasificación administrativa usada en los asedios para quien consumía ración sin combatir (mujeres, mozos, criados); recibían media ración.
Comunes a la tropa — término para las mujeres no casadas que acompañaban al ejército sin el estatus de «mujer particular».
Fuentes académicas

Sandra Suárez García, «Tomiris y la sangre: relatos sobre las mujeres de la Antigüedad en la tratadística militar española del Renacimiento», 2024; Marcos de Isaba, Cuerpo enfermo de la milicia española (1594), tratado militar manuscrito del propio autor, capitán de los Tercios.

Fuentes de divulgación histórica

Enriqueta Zafra, en Soldados de los Tercios (Desperta Ferro, 2020); «Esposas, prostitutas, amantes... las mujeres que siguieron a los Tercios en sus campañas», El Español (2020); «Las mujeres y los Tercios, un ejército en la sombra», Muy Interesante; Carlos Valenzuela Cordero, «Los mozos y mochileros de los tercios en el siglo XVI», Desperta Ferro (2021); disposición del Duque de Alba para el ejército de Italia (1555), citada en fuentes de divulgación sobre la vida cotidiana de los Tercios.